¿Qué es el Overclocking?

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Todos los chips de un ordenador cuentan con lo que se denomina velocidad de reloj (clock speed). Esto hace referencia a la velocidad de procesamiento de datos propio de estos dispositivos. Ya sea una memoria, CPU o procesadores gráficos, cada uno de estos componentes cuenta con una velocidad nominal. Overclocking es esencialmente en proceso a través del cual estos chips son llevados más allá de sus límites para así alcanzar un desempeño extra. Ello es posible debido a que los desarrolladores de hardware suelen establecer una velocidad estándar menor a lo que estos dispositivos pueden realmente alcanzar, todo en vistas a generar mayor confianza a sus usuarios. La técnica de Overclocking fundamentalmente se orienta a despertar aquella capacidad de desempeño extra de estos chips y así lograr un funcionamiento a tope.

¿Por qué acudir a un Overclocking?

Un Overclocking nos abre las puertas a potenciar el funcionamiento de un sistema sin costos extra. Para algunos, esto implica la creación de un sistema con el más alto desempeño posible ya que se potenciará al máximo tanto procesadores, memorias y placas gráficas. Para muchos otros, esto puede simplemente implicar una extensión en el tiempo de vida útil de estos componentes sin la necesidad de reemplazarlos por unos nuevos. Se trata de un método a través del cual podremos alcanzar un mejor desempeño del sistema sin la necesidad de invertir el dinero equivalente para lograr el mismo nivel de rendimiento alcanzado a través de un proceso de Overclocking. Hacer Overclocking a un GPU, por ejemplo, mejorará el desempeño para lograr una mejor experiencia en juegos.

¿Cuán difícil es hacer un overclocking?

Hacer Overclocking en un sistema dependerá exclusivamente en el tipo de componentes incluidos en el ordenador. Por ejemplo, muchos procesadores centrales cuentan con un bloqueo de reloj. Esto significa que dichos dispositivos no cuentan con la habilidad de someterse a un Overclocking, o bien a un nivel muy limitado. Las tarjetas gráficas, por otra parte, presentan un carácter mucho más abierto en este sentido y la mayoría pueden ser optimizadas. De manera similar, las tarjetas de memoria también pueden ser manipuladas, aunque los beneficios de dichos dispositivos son mucho más limitados en relación CPU’s o tarjetas gráficas sometidas a estos ajustes.

Por supuesto, hacer overclocking a cualquier componente representa un juego de posibilidades y riesgos dependiendo de la calidad de los dispositivos que cada usuario posea. Dos procesadores con el mismo número de modelo pueden exhibir un desempeño muy diferente a la hora de hacer overclocking. Puede que uno mejore en un 10% su desempeño, mientras que otro llegue a superar un 25% de sus posibilidades. El hecho es que nunca podremos saber cuánto podremos potenciar un dispositivo hasta sino intentarlo. Esto requiere de mucha paciencia para ajustar velocidades y comprobar niveles de confiabilidad hasta encontrar el nivel de mejora requerido.

Voltajes

A la hora de lidiar con la técnica de overclocking, nos encontraremos con una serie de valores expresados en voltajes. Esto se debe a que la calidad de las señales eléctricas a través de un circuito puede ser afectada por el nivel de voltaje impuesto. Cada chip es diseñado para correr a un determinado nivel de voltaje. En caso que la velocidad de la señal en el chip incremente, la habilidad del chip para leer dicha señal puede verse afectada. Para compensar esto, el voltaje es incrementado, y por lo tanto también la fuerza de la señal eléctrica.

Mientras que aumentar el nivel de voltaje en un componente puede incrementar su capacidad de lectura de señales, existen una amplia gama de efectos colaterales que pueden derivar de ello. La mayoría de componentes han sido diseñados para correr a un nivel de voltaje específico. En caso que este parámetro alcance un nivel muy elevado, puede que lleguemos a quemar y completamente destruir el chip en cuestión. Es por esto que los ajustes de voltaje no son algo que debamos manipular en nuestra primera experiencia de overclocking. Otro efecto de un incremento de voltaje es un mayor consumo energético en términos de watts. Esto puede tratarse de un problema en caso que nuestro ordenador no cuenta con el suficiente vataje en la fuente de alimentación para soportar esta carga extra. La mayoría de componentes pueden en cierta medida potenciarse sin la necesidad de incrementar niveles de voltaje. A medida que nos familiaricemos más con el tema, podremos experimentar con incrementos de voltaje sutiles capaces de mejorar el desempeño de estos componentes, lo cual no quita que de todas formas se trate de un ajuste que implicará riesgos.

Calor

Una de las consecuencias derivadas del proceso de overclocking es el calor producido. Todos los procesadores actuales se caracterizan por producir una cantidad de calor que demandará métodos de enfriado para garantizar su correcto funcionamiento.

Esto por lo general implica disipadores de calor y ventiladores capaces de mover el aire alrededor de dichos dispositivos. La técnica de overclocking derivará directamente en una mayor carga en sus circuitos, lo que a su vez generará una mayor temperatura. El problema reside en que el calor puede producir un impacto negativo en estos circuitos eléctricos. En caso que estos alcancen una temperatura muy elevada, las señales transmitidas pueden verse interrumpidas y así generar una gran inestabilidad. Peor aún, un calor excesivo puede llevar a estos dispositivos a quemarse tal y como lo harían en un escenario de voltaje elevado. De todas maneras, muchos procesadores actuales cuentan con circuitos de parada térmica para prevenir temperaturas a puntos excesivos. El lado negativo de ello es que aun en estos casos continuaremos sufriendo una inestabilidad constante y apagados periódicos.

¿Por qué es tan importante esto? Bien, cada usuario se verá obligado a contar con una capacidad de enfriado suficiente como para permitir un overclocking y evitar cualquier tipo de inestabilidad derivada de una temperatura en exceso. De esta manera, muchos ordenadores necesitarán contar con un mejor sistema de refrigeración en la modalidad de disipadores de calor más grandes, o bien ventiladores múltiples y más veloces. Para alcanzar niveles extremos de overclocking, puede que los sistemas de refrigeración líquida se presenten como la mejor alternativa a implementarse y evitar temperaturas potencialmente dañinas.

Los CPU’s por lo general requerirán soluciones de enfriado extra para soportar los efectos de un overclocking. Se trata de soluciones disponibles en el mercado y que pueden variar de precio de acuerdo a su material, tamaño y calidad del componente a implementar. Las tarjetas gráficas presentan en este sentido mayores complicaciones al tratarse de dispositivos cuyo sistema de refrigeración ya se encuentra incorporado a la misma tarjeta. Como resultado, la solución general para tarjetas gráficas es simplemente la de incrementar la velocidad de su ventilador, lo cual también incrementará el ruido producido por el mismo. Otra alternativa es la de adquirir una tarjeta gráfica que ya haya sido sometida a un overclocking y que sea capaz de ofrecer una mejor solución en materia de refrigeración.

Garantías

Por lo general, someter componentes de un ordenador a un proceso de overclocking resultará en una pérdida total de las garantías provistas por el fabricante. Esto no representa una preocupación en caso que contemos con un ordenador viejo y las garantías hayan perdido vigencia, pero si nuestras intenciones son las de hacer esto en un ordenador nuevo, perder dichas garantías pueden derivar en grandes problemas en caso que algo salga mal durante el proceso. Por su parte, también existen ciertos fabricantes que ofrecen garantías capaces de proteger los componentes de nuestro ordenador incluso acudiendo a procesos de overclocking. Por ejemplo, Intel cuenta con su Plan de Protección de puesta a punto capaz de ofrecer garantías sobre determinados componentes.

Overclocking de tarjetas gráficas

Probablemente el componente que ofrece mayores facilidades para una mejora de desempeño dentro de un ordenador es la tarjeta gráfica. Esto se debe a que tanto AMD como NVIDIA cuentan con herramientas de overclocking incluidas directamente en sus suites de controladores, las cuales funcionan perfectamente con la mayoría de sus procesadores gráficos.

Por lo general, todo lo que necesitaremos para mejorar el desempeño de un procesador es habilitar los ajustes de la velocidad reloj y luego mover un cursor para ajustar la velocidad ya sea del núcleo gráfico o memoria de vídeo. Nos encontraremos también con ajustes que permitirán ajustar la velocidad de los ventiladores y posiblemente ajustar el nivel de voltaje.

La otra razón por la cual acudir a un overclocking de tarjetas gráficas es algo simple y seguir es que cualquier tipo de inestabilidad producida no impactará al resto del sistema. Cualquier inconveniente con una tarjeta gráfica por lo general requerirá de un reinicio del sistema y luego acudir al apartado de configuraciones para regresar a todos sus valores por defecto. Esto hace del proceso de ajuste y comprobación algo verdaderamente simple. Simplemente incrementa poco a poco la velocidad de la tarjeta, luego comprueba el funcionamiento de tus juegos o softwares favoritos por un tiempo prolongado. En caso de no evidenciar ningún problema, puedes tranquilamente mantener dicha configuración. En caso de surgir algún inconveniente, puedes ya sea regresar la configuración a valores precios, o bien incrementar la velocidad del ventilador para compensar el calor producido con un nivel de refrigeración más elevado.

Overclocking de CPU

Hacer overclocking a un CPU es algo mucho más complicado que las tarjetas gráficas. La razón e ellos es que el CPU cuenta con la obligación de interactuar con todos los otros componentes del sistema. Simples cambios en el CPU pueden causar inestabilidad en otros aspectos del propio sistema.

Es por esto que los desarrolladores de estos componentes han establecido restricciones con el fin de prevenir cualquier tipo de overclocking por parte de usuarios. Esto es lo que anteriormente hemos mencionado como reloj bloqueado (clock locked). Esencialmente, la velocidad de los procesadores se restringe a un determinado valor y no puede ser modificada. Para lograr un overclocking en un procesador, nos veremos obligados a adquirir un sistema que ofrezca un modelo de reloj desbloqueado (clock unlocked). Tanto Intel como AMD ofrecen una designación a estos procesadores añadiendo una letra K al final de su número de modelo. Pero incluso con un procesador desbloqueado, también requeriremos contar con una placa base que incluya un chip y BIOS que permita ajustes para overclocking.

De esta manera ¿qué elementos entran en juego a la hora de efectuar un overclocking en un CPU que admita dicha modificación? A diferencia de las tarjetas gráficas, las cuales hacen uso de un simple deslizador para ajustar la velocidad del reloj del núcleo de gráficos y memoria, los procesadores presentan un método un tanto más complejo. La razón de ellos es que el CPU cuenta con la obligación de comunicarse con todos los periféricos del sistema. Para lograr esto, el procesador necesitar contar con un sistema de comunicación de velocidad de reloj para regular la integración de todos los componentes. En caso de ajustar aquella velocidad, es posible que el sistema se torne inestable ya que uno o más componentes pueden sufrir un desfasaje. En lugar de esto, para hacer un overclocking en procesadores deberemos ajustar sus multiplicadores. El ajuste de todas estas configuraciones  en el pasado tenían lugar en BIOS, pero las placas base más actuales presentan un software especial que nos posibilita acudir a estos mismos ajustes desde fuera de los menús de BIOS.

La velocidad de reloj total de un CPU representa esencialmente la base de velocidad de bus multiplicada por el multiplicador del procesador. Por ejemplo, un CPU de 3.5 GHz puede contar con una velocidad de bus de 100 MHz y un multiplicador de 35. En caso que dicho procesador se encuentre desbloqueado, entonces será posible configurar el multiplicador máximo a un nivel más alto, como ser 40. Al elevar el ajuste de este parámetro, el CPU puede alcanzar un rendimiento de 4.0 GHz o un 15% de mejoría en relación a su velocidad base.

Si bien puede resultar algo simple, el problema con la técnica de overclocking en procesadores es que la energía del sistema se regula específicamente teniendo en cuenta su circulación por el CPU. Esto incluye los voltajes de los diferentes aspectos del chip, al igual que la cantidad total de energía enviada al procesador. En caso que alguno de estos parámetros no provea la corriente necesaria, el CPU puede tornarse inestable a la hora de someterse a un overclocking. Además, una mala configuración de overclicking en el CPU puede impactar en todos los otros dispositivos con los cuales este deba comunicarse dentro del ordenador. Esto puede implicar por ejemplo una escritura errónea en el disco duro. Por su parte, una mala configuración puede llevar a impedir un inicio del sistema hasta que el BIOS CMOS sea reseteado mediante el uso de un jumper o interruptor en la placa base, lo cual implica que deberemos iniciar de cero las configuraciones.

Tal y como el overclocking de placas gráficas, lo mejor es siempre acudir a un método de ajustes pequeños y progresivos. Esto significa ajustar el multiplicador poco a poco y luego ejecutar el sistema a través de una serie de puntos de referencia para sobrecargar al procesador. En caso que el CPU sea capaz de soportar dicha carga, entonces podremos volver a ajustar los valores hasta alcanzar el punto en el cual este se torne un tanto inestable. Alcanzado dicho punto, simplemente deberemos retroceder un tanto la configuración hasta alcanzar un nivel de estabilidad. Más allá de todo esto, se recomienda siempre asegurarse de tomar notas de todos los valores modificados a la hora de comprobar cada componente y así evitar problemas en caso de vernos obligados a acudir a un reseteo.

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